memoria y balance


Pobre vieja, sufrió inútilmente. Cuando papá falleció parte de ella se fue con él. No tuvo una mala vida después de todo, fue ella misma la que se la complicó al pedo, en fin,  yo soy igual así que no tengo derecho a criticarla.
Estoy convencido que si no hubiese conocido al cabezón mi vida hubiese sido completamente distinta, pero eso nadie lo puede asegurar.
Tendría que haberme operado la nariz cuando tenía veinte años y no me animé por el qué dirán. Ahora los pibes se tiñen el pelo, usan aritos, se hacen piercing hasta en la pistola, se depilan, se ponen siliconas en el culo para tenerlo más lindo y yo tenía vergüenza por una operación de mierda. ¡Qué boludo!
Lástima lo del Porche. Era mucha guita, pero me encantaba. De cero a cien en cuatro segundos. ¡Qué máquina! Si después no conseguía repuestos, lo dejaba que se oxide en un rincón o lo malvendía. No iba a quebrar por eso. 
Lo del paracaidismo sí fue una pérdida de tiempo y plata. Un dineral tirado a la basura. Carísimo, en la loma del orto, el instructor pésimo y me moría de miedo.
Lejos, de lo que más me arrepiento es de lo de Fernanda, pero sobre ese tema prefiero no pensar, bastante sufrí por ella, dejé pasar el tren y ya está. Al tiempo, la turra de mi mujer se fue con el profe de tenis. Así te pagan.
Ahora es fácil animarse. Aquí es fácil animarse a todo, pero en esos momentos…

-         Rick, ¿querés que te vendemos los ojos?

-         No me ofendas, no soy un cobarde.

-         Apunten...fuego...



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