la Asamblea del Año XIII
En 1813, una Asamblea General Constituyente y Soberana abolió la esclavitud en este país. Aunque parezca mentira, doscientos años después mucha gente no se ha enterado.
El Código Penal Argentino considera delito el asesinato. Ni en el Código Penal, ni en el Código Civil, ni en la Santa Biblia, ni en ningún lado dice que no acompañar a la esposa al supermercado es delito, ni contravención, ni pecado, ni nada punible, salvo por las esposas que tienen la ecuanimidad de Nerón.
Partamos de algo básico: la gente se casa para estar mejor, no para estar peor. Disculpen lo obvio de esta afirmación, pero a esta altura no doy nada por supuesto y mucho menos con ustedes…
¡Atención! Lo de la abolición de esclavitud también abarca al matrimonio. Perdonen si le estoy dando a alguno una mala noticia, pero vivir tiene sus riesgos.
¡Las personas son libres! ¿Les suena? Seguro que todos contestan “Sí” a coro, pero a la "hora de la verdad" más de uno va a olvidarlo.
En casi todo matrimonio hay alguien que se considera dueño del otro. Pretende que se ajuste a sus creencias personales como si fueran verdades universales. Supongamos que uno de los cónyuges quiere dormir en habitaciones separadas y el otro no. El motivo por el cual quiere dormir sólo puede ser cualquiera. Puede ser porque ronca, porque le gusta el silencio, porque quiere levantarse por la noche, porque eructa, porque, dicho en inglés, le encanta despedir flatulencias, o por lo que se les ocurra. El motivo es lo de menos. El hecho es que quiere dormir solo. Supongamos que para el otro es fundamental compartir el lecho matrimonial, porque de la otra manera no considera que está casado. Supongamos además que la posición de cada uno es irreductible. ¿Hay solución? Sí ¿Cuál es? Separarse, punto y aparte. No es solución alguna que uno le rompa las pelotas al otro reclamándole cada puto día que cambie de parecer. Tu esposo, es tu esposo, no es tu esclavo. Ninguno de los dos miembros de la pareja es malo o es culpable. Los dos son buenos, solamente que son incompatibles en un punto para ellos central. Les ruego que no me vengan con que según las estadísticas el 99,567% de los matrimonios comparten el lecho. Las estadísticas no sirven para todo. Imaginen que viene el médico y les dice, “acaba de morir su madre, pero no se haga problema, porque se nos muere un viejo por semana y hoy es viernes y aún no había muerto ninguno”.
Se vive solamente una vida, complicada de por sí, como para que la persona que te acompaña en este tránsito te cargue la mochila con sus rarezas. Con las rarezas propias uno está más que servido. Yo no le pido al otro que reme igual que yo, sólo le pido que no haga agujeros al bote.
Todos tenemos el 100% de derechos sobre nosotros mismos y 0% derechos sobre los demás -no se pongan en puristas, saben a lo que me refiero-, así que sólo podemos actuar sobre nosotros. Uno puede y debe expresar sus observaciones, una, dos , tres veces, no más, si no hay cambio del otro, nosotros somos los que debemos cambiar y si no podemos hacerlo y no podemos adaptarnos tendremos que dar un paso al costado, eso es lo más digno. Continuar peleando diariamente sirve solamente para margarse y amargar al otro. Hay veces hay que tomar decisiones muy duras. “…porque el matrimonio no funciona sólo si dura, sino que es importante su calidad…” Francisco I (14-Febrero-2014)
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