sin reclamos y sin reproches



Al fin y al cabo sólo somos personas, con los defectos y las virtudes de las personas y cuando nos ponemos mal dejamos de ser quienes somos, o al revés dicen por ahí, pero estoy convencido que hay muchos malos momentos que pueden evitarse con sólo acordar primero y, respetar después, una simple fórmula.
A la hora de casarse, o juntarse, o jurarse amor, o lo que fuere que vincule a una pareja, propongo se adicione un pequeño compromiso, un compromiso inofensivo, poco romántico y extremadamente operativo, pero en mi opinión imprescindible: “sin reclamos y sin reproches”.
Yo no sé si alcanzará con sólo eso, pero sé que eso no debe faltar. No puedo asegurar que sea condición suficiente, pero sí que es condición necesaria.
La diferencia en pedir algo y reclamarlo no es menor, tampoco lo es la diferencia entre observarle algo a alguien y reprocharle algo a alguien.
En una pareja el reclamo no es sólo la reiteración de un pedido, es mucho más que eso, lleva en sí mismo una carga acusatoria. Ni hablar de los reproches.
Declamar que uno acepta a alguien tal cual es, es una declaración hermosa y conmovedora, pero “a la hora de los bifes” es difícil ponerla en práctica. Yo creo que si nos tomamos la costumbre de no reclamar ni reprochar, comenzaremos a cristalizar lo que hasta ese momento sólo era una declaración bien intencionada.
Pero, más allá de evitar malos momentos, yo creo que no se gana nada reclamando ni reprochando. Los reclamos y los reproches van dirigidos a lograr el cambio del otro, pero ese es un error, los cambios siempre los debe hacer uno mismo, aunque puedan ser dolorosos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

despedidas

licencia para matar

Osho, simplemente estamos aquí, nadie sabe por qué