el tío Vernon





No quiero ser como el tío de Harry Potter -QEPD-.

Una sobrina por parte de mi esposa está viviendo con nosotros por cuestiones de estudio. Los adolescentes de hoy viven más felices. A esta chica en particular se la ve muy tranquila, no sé si con ganas de estudiar, pero seguro con ganas de divertirse. Ya el primer día creó un grupo de whatsapp con sus nuevas compañeras, hizo una especie de censo de la población masculina de su curso y algunas otras cosas de corte social, pero de libros, apuntes, materias de estudios y esos menesteres educativos, nada de nada. No seré yo quien la ponga en vereda en ese sentido, gracias a Dios tiene madre, padre y además, como dije, no quiero convertirme en el tío de Harry.

De más está decir que la chica no ha traído un búho, ni siquiera un perro o un hamster, ni está estudiando magia en Hogwarts, es sólo una adolescente dando sus primeros pasos en una ciudad distinta, con gente distinta, distancias distintas y con sus padres a unos sesenta kilómetros. En fin, nada demasiado traumático.

Realmente se la ve bien, hasta contenta podría decirse. Habla con monosílabos -como todo adolescente-, se ríe bastante y come muy bien, buena señal. Como podrán imaginarse vive conectada al celular, la computadora y es una flamante adicta a Netflix. Otro gallo cantará cuando le toque estudiar, pero por lo que pinta hasta ahora, no pareciera la vaya a matar el estrés. Es posible que el estrés me mate a mí cuando tenga que desempolvar algún libro de física o matemática y deba explicar algo de lo que poco recuerdo a una niña que poco querrá aprender, pero así se escribe la historia. El tiempo pasa muy rápido y cuando menos queramos pensarlo la chica terminará sus estudios y se olvidará de estos días en Buenos Aires y de haber vivido con su tío Vernon y los Locos Adams.



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