piensa mal...


“Piensa mal y acertarás” dice una conocida cita, y seguramente es correcta muchas veces, pero en mi opinión acertar es lo de menos. Yo diría “piensa mal y arruinarás tu vida”. Acertar o no hacerlo carece de importancia frente al mal que le produce al espíritu pensar de esa manera.
Los malos pensamientos nos hacen la vida miserable, porque nos convierten en miserables. Nadie dice que se debe confiar ciegamente en cualquiera, ni que se deben hacer tratos con quien se sabe es un estafador, yo digo que se puede intentar tener una mirada al menos neutra. Una cosa es ser precavido y otra muy distinta es ser desconfiado.
Los celos son un paradigma de ese tipo de pensamientos y un ejemplo excepcional de lo desdichado que se puede ser pensando de mala manera. Alguien decía que “el celoso no necesita ver, le alcanza con lo que imagina”. Los celos son también una excelente forma de ejemplificar aquello de “la profecía autocumplida”. Se profetiza que se perderá al ser amado porque se enamorará de otra persona, luego se lo persigue para evitar que eso suceda. Como ninguna relación sobrevive a la asfixia, finalmente se lo termina perdiendo, luego se enamora de otra persona. Es lo que se profetizó, sólo que ha sido uno mismo quien cumplió su propia profecía. Así de fuertes pueden ser las consecuencias de los malos pensamientos.

Hay personas que creen que pensando mal de los demás se están protegiendo. Como si dijeran: "no importa lo que hagan los demás, yo estoy preparado para lo peor". No advierten que ese prepararse para lo peor, que ese pensamiento negativo constante les arruina la vida, los marca, hacen que la bondad de sus corazones se hunda cada vez más. De forma contraria, los pensamientos bondadosos -y nadie está diciendo pensamientos cándidos-, hacen que la vida sea mejor, porque nos hace mejores personas.
Al fin y al cabo somos nuestros pensamientos, así que mejor pensar con bondad.



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