recuerdos - final
Seguí a Mr. Recuerdo hasta un bar mugroso en el subsuelo de una galería comercial casi abandonada. Mientras descendíamos por unas escaleras tan anchas como sucias, pude observar unas mesas dispuestas según una rara geometría en lo que sería el pasillo principal, y unas cuantas más que se adivinaban en el interior de lo que alguna vez habrá sido el “Great Eden Palace Bar”. El sonido ambiente estaba dominado por la voz de Julio Sosa interpretando “Cambalache” en japonés. El aire del lugar era poco menos que irrespirable, al punto que hubiese preferido que me largaran en Marte sin escafandra, como a Schwarzenegger en “El vengador del futuro”. En una mesa casi al fondo del local una pareja se miraba con tal ternura que parecía que se habían encontrado después esperarse toda una vida. El resto estaba desierto. Un anciano camarero, casi tan desprolijo como el lugar, saludó a mi guía con una reverencia tal que cualquiera hubiese dicho que había llegado el Papa. Espéreme aquí Rick tengo unos asuntos que resolver, dijo don Recuerdo y se adentró en las tinieblas. Me pareció muy raro que un recuerdo tuviera “asuntos que resolver”, pero no era menos raro que un recuerdo tuviese forma humana, fumara, conociera ese café de mala muerte y fuera amigo del camarero.
-No tengo mucho tiempo Mr. Rick, así que le ruego sea concreto en sus preguntas- dijo apenas regresó -Un café para el señor y para mí lo de siempre- espetó Recuerdo al camarero del Titanic.
-Yo preferiría algo fresco, me animé a decir.
-Raúl, por favor traiga lo que pedí, y Ud. Rick no sea pretencioso.
-Vayamos al grano, entonces, ¿qué me pasó en esos años?
-Estuvo preso.
-No me diga eso.
-Si quiere no le digo nada, pero Ud. quería saber.
-Es una manera de decir, quiero saber.
-Ok, ya lo sabe.
-¿Por qué estuve preso? ¿maté a alguien?
-No.
-¿Robé?
-No.
-¿Qué hice?.
-Fue proxeneta.
-¿Yo?
-Sí Ud, ¿por qué cree que su mujer se fue a vivir al Tibet?
-¿Ella se enteró?
-Claro, ella trabajaba para Ud.
-¿Se prostituía?
-Sí
-No me diga eso.
-¿De nuevo con lo mismo de “no me diga eso”? ¿Quiere saber o no?
-Es una manera de decir, don Recuerdo, ¿yo hacía trabajar a mi mujer?
-Sí, alguno tenía que trabajar y a Ud. nunca le gustó el trabajo.
-No me diga eso… perdone, sí dígame. Pero, ¿sabe que no puedo creerlo?
-Créalo Rick es la verdad
-¿Y será por eso que me olvidé?
-No sé, no soy adivino.
Raúl trajo un café para mí y un whisky para él. Conversamos un largo rato pero no quiso decirme nada más acerca de esos años.
La pareja de la mesa del fondo pasó junto a nosotros al salir. La mujer llevaba un vestido ajustado y zapatos de taco alto. El hombre la llevaba tomada de la cintura. Se los veía felices.
-Rick, no hace falta saber más, hay cosas de las cuales mejor no acordarse- dijo Recuerdo antes de irse.
-No me diga eso, pensé...
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