recuerdos



Es raro esto de citarse con un recuerdo, al menos a mí nunca me había pasado.
Dicen que se teme al futuro, pero en realidad se teme a lo desconocido. Prueba de ello fue este encuentro. Un encuentro con lo que ya había sucedido y sin embargo me daba miedo, ¿por qué?, porque no sabía con qué iba a encontrarme. Justamente ahí está el problema.
Hay partes de mi vida que han desaparecido completamente de los registros de mi memoria. Años completos que no sé que hice ni con quien estuve. Traté de reconstruirlos hablando con familiares y amigos pero algunos se mostraron esquivos y otros estaban tan desmemoriados como yo. Busqué fotografías, videos, recortes, cuadernos y cuanta cosa se les pueda ocurrir. Recorrí hospitales para ver si estuve internado en alguno y hasta llegué a revisar el libro de admisión de dos o tres loqueros, pero no hubo resultados. Podría aseverarse que no salí del país porque al parecer nunca me extendieron un pasaporte. Lo raro es que aquí tampoco nada figura en ningún lado, es como si no hubiese vivido ese tiempo. La que seguro sabe algo es mi ex esposa, pero con ella no nos hablamos desde hace años y la última noticia que tengo es que se fue a vivir al Tibet.
Como decía, tenía miedo de lo que iba a enterarme, pero confiaba que no sería nada demasiado grave porque de otra manera no habría llegado a viejo, pero por otra parte me daba mala espina el hecho que la mente lo haya hecho desaparecer.
A veces pensaba que me borraron la memoria. Por lo que pude averiguar hay varios métodos, el más conocido es el que usa la CIA que, aunque parezca mentira, dicen es igualito al que aparece en la película “Hombres de Negro”.Te hacen mirar una luz muy fuerte y los recuerdos se esfuman. Por ahí me hicieron eso, pero se les fue la mano y en lugar de “borrar” unos días borraron unos años. En la desesperación consulté a una bruja que me dijo que había matado a un hombre por una cuestión de celos y que olvidé el hecho porque mi mente no pudo lidiar con la culpa. Después probé con un psicólogo de renombre. Él juraba sobre la Santa Biblia que tengo tendencias homosexuales y dedujo que tuve mi “bautismo” en esos años olvidados. Después de ese psicólogo no quise seguir averiguando.
Un buen día, de pura casualidad,  me contacté con una gente que entiende de estos temas. Tuve cuatro entrevistas y después de eso no volví a verlos. Casi dos meses después recibí un correo con instrucciones precisas. Cierto día, a cierta hora me encontraría con mis recuerdos perdidos. 
El día indicado, a la hora señalada estaba esperando al recuerdo en la esquina de Lima e Independencia. No sé cómo serán otros recuerdos, pero el que vino a mí era de lo más corriente. No le dije nada para no ofenderlo, pero yo esperaba otra cosa, esperaba a alguien vestido de una forma más futurista, o aunque sea a alguien bañado, no sé. Se presentó como Sr. Recuerdo, lo cual me pareció una obviedad. Si no fuera que se trataba de una persona mayor le hubiese largado una carcajada ahí mismo, pero me contuve por respeto a las canas. Según me dijo él tenía los recuerdos que a mí me faltaban, pero lo expresó de una manera bastante rara. Yo soy los recuerdos que te faltan, dijo mientras prendía un cigarrillo con un encendedor descartable. Este hombre tomó de más, pensé al principio, pero luego me tiró dos o tres datos de mi vida que me dejaron helado. Lo invité a tomar un café pero me dijo que tenía hábitos sanos. ¿Hábitos sanos?, si lo dijo mientras aspiraba el cigarrillo como si se tratara de un snorkel, pensé para mis adentros. ¿Qué quiere que hagamos?, le pregunté. No sé, Ud. es el interesado en saber. ¿No quiere que nos sentemos en algún bar, don Recuerdo? No hace falta, ya le dije que podemos hablar aquí, contestó casi molesto. Muy bien, estimado señor, ¿qué fue de mi vida entre enero de mi novecientos noventa y ocho y agosto de dos mil dos? Eso es largo y penoso Mr. Rick, mejor vayamos a tomar algo…

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