caballeros andantes y boinas verdes
Cada uno lleva su armadura, algunos una muy gruesa, otros llevan una casi imperceptible, depende de la fragilidad de quien la porte. Cuánto más débil el caballero, más fuerte debe ser la armadura.
Mi armadura es la del Caballero Negro, fuerte, pesada, impactante a la vista, pero poco efectiva. Consiste en la estrategia de racionalizar. Me engaño pensando que si puedo entender, que si puedo intelectualizar, que si puedo adelantarme, la realidad no me lastimará y si eso eliminaría el dolor. Anticipo que no da resultado. Ante ciertas emociones, ante ciertos sufrimientos no hay armadura posible. No importan las previsiones que se hayan tomado, no importa que se conozca de antemano la talla del contrincante, la caída es inevitable y devastadora.
Quisiera ser un boina verde, un Rambo. Esos tipos preparados para salir adelante en cualquier circunstancia. Hombres de acero, indestructibles, inexpugnables. Podrían sobrevivir en el selva sólo con un cuchillo, nada más necesitan. Yo no podría sobrevivir ni en el Hilton si no tengo contención. Es una verdadera putada, se los aseguro. No es un invento, ni una suposición, lo sé por experiencia propia. Una vez sentí que todo el mundo desaparecía, fue horrible. Suerte que duró poco. Vivir da la oportunidad de conocerse, aunque no necesariamente es una experiencia grata.
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