la curiosa sensatez de nuestros actos
Tendemos a creer que actuamos con sensatez, y que la razón y la voluntad dirigen los actos de nuestra vida. Estoy totalmente en desacuerdo con esa creencia.
Decía Confucio “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes.” Yo me pregunto: ¿Será que somos estúpidos o será que no es tan fácil hacer lo que corresponde?
Somos grandes y sabemos que debemos hacer aunque generalmente no lo hagamos. El ejemplo más típico es el del fumador. Desde muy chicos sabemos que fumar es perjudicial y aún así seguimos fumando -yo fumo un poco-. Achacamos a la adicción química la dificultad para abandonar el vicio. Digamos que las adicciones tienen ese atenuante, pero hay decenas de conductas nocivas que no involucran un agente químico ni nada que pueda acostumbrar al cuerpo, entre ellas los amores inconvenientes, las amistades tóxicas, las acciones innecesariamente arriesgadas, la muy moderna obsesión virtual, etc.
Respecto a los amores equivocados, existen cantidad de explicaciones posibles abarcando un espectro amplísimo que va desde el enamoramiento propiamente dicho hasta el miedo, pasando entre otros por el afán autodestructivo.
Sea uno o sea otro, lo que se verifica sin necesidad de un esfuerzo analítico supremo, es que todos incurrimos en actos que sabemos perjudiciales y que, como verdaderos adictos repetimos una y otra vez sin oponer la menor resistencia. Esa propensión inexplicable a lo que nos daña es para mí una prueba concluyente que existen motivaciones internas y desconocidas, suficientemente poderosas para someter a la voluntad y burlar a la razón.
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