la era del hielo



Mis hijas quieren congelarme, como a Walt Disney. Dicen que de esa manera me tendrían para siempre, pero yo no concuerdo porque siempre es cada día, cada minuto, siempre es el ahora y es el futuro, no sólo el futuro. Yo les pregunto al respecto y no saben que decirme. La menor dice que me descongelarían cada tanto para hablar un poco. ¡Fíjense ustedes que estupidez! Además ellas envejecerían y pasadas unas décadas yo sería menor que ellas ¿Se imaginan un padre menor que los hijos? Esta idea es descabellada desde todos los ángulos que se la quiera mirar. Para convencerme la mayor me dijo que en unos años descubrirían el remedio para la caída del cabello. Ese es un buen punto, pero no me parece determinante. Si me hablaran de un aumento peneano definitivo, otro gallo cantaría, pero ellas no dijeron nada y yo obviamente no voy a sacar el tema frente a dos niñas. Mi esposa no dice “esta boca es mía”, pero estoy seguro que le gustaría que me congelen, pero con lo desconfiada que es, gastaría más dinero en viaje para corroborar que sigo congelado que lo que cuesta el servicio. El lugar es otra cuestión a tener en cuenta, porque aunque este país es bastante desastroso a mi me gusta vivir aquí, además, no creo que me otorguen una visa de residente en los Estados Unidos, aunque jure y perjure que no voy a hacer ningún desmán.  Un amigo mío me dio a entender que querían sacarme del medio así no las molesto cuando llegan tarde, pero esa es una tontería porque hace años que viven solas. La gente habla por hablar, como ese otro que me dijo que me pueden congelar en cualquier frigorífico. ¡Claro que pueden congelarme! Pero después quién me revive. Como ven es todo un problema. Ellas insisten e insisten, pero ya no discuto, al igual que Walt yo tampoco me caliento.

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