Memorias de un suicida. Dios es Justo y Dios es sabio
Veo a los gatitos tan tranquilos y siento alegría por ellos. También siento pena, no sé por qué. Son queridos y están bien cuidados. En mi próxima vida quisiera ser algún tipo de animal doméstico mimado por sus dueños. Corren, saltan y al segundo están descansando. Se ven tan curiosos y serenos. Todo para ellos es aquí y ahora, nacieron budas si se lo analiza desde ese ángulo.
Hoy Rodolfo se hubiese levantado contento. Imagino que se habría hecho el desayuno con esa parsimonia casi exasperante mientras el resto de su familia sigue durmiendo. Tal vez sacaría a pasear a Tania o leería el "Clarín" maldiciendo contra la oligarquía argentina. Seguramente iría a la sección deportes para ver como forma "la academia", más ahora que hasta puede salir campeón. Algún llamado telefónico para ver cómo sigue el chico que hubiese operado ayer y después derecho a inspeccionar las plantas del fondo, juraría que silbando bajito algún tema de Serrat o de Sabina. Más tarde decidiría qué hacer el resto del día, podría ser algo en familia o tal vez encontrarse con algún amigo, ya habrá tiempo, ¿para qué apurarse? Hasta podría llamarme a mí. Rodolfo estaba metido en la vida.
Aquí estoy yo, con más ganas de llorar que de tomar el sol de esta preciosa mañana. Roberto me decía que jamás se haría una cirugía estética, no quiere morirse por una anestesia innecesaria. Qué diferencia, a mí no me importaría morirme así, sería una muerte tranquila. No me molestaría morirme ahora mismo, pero si no es mucho pedir que sea sin sufrimiento. Cualquier cosa menos sufrir. Una pretensión vana, el sufrimiento florece a cada paso. Este es un buen momento para fumar y no tengo cigarrillos. La tristeza y el tabaco se complementan bien.
Uno quiere creer que Dios es justo y que Dios es sabio. Podría haberme elegido a mí pero eligió a Rodolfo. Él sabrá por qué.
Comentarios
Publicar un comentario