cuerpo, mente y espíritu (última parte)
Los otros días tuve ganas de escribir sobre la identificación persona-mente, una asociación tan fuerte que cuando nos preguntan quienes somos, lo más común es identificarse con los propios pensamientos y las propias emociones. Como se trata de un asunto complicado de explicar me pareció pertinente hacer una especie de introducción que diera marco al tema y así salió la primer parte de esta mini saga, pero está visto que equivoqué el enfoque porque lo escrito no aporta ninguna claridad, y para peor hizo que el tema central se diluyera entre conceptos confusos e incompletos. Lo único positivo que ha conseguido es que las queridas MJ y María iluminaran esa confusión con palabras sensatas.
Decía que uno se identifica con su mente, y que la mente es básicamente una herramienta de supervivencia y desarrollo. En verdad no sé si esto es exactamente tal como lo digo, pero funcionamos como si tuviésemos una parte que está especializada en la supervivencia y que para cumplir su objetivo limita nuestra libertad de elección. ¿Cómo nos limita? Fácil, a través del miedo y la culpa. Y aquí entra a jugar la identificación persona-mente porque, como estamos identificados con nuestra mente, sentimos que la culpa y el miedo son reacciones propias del ser en lugar de meros mecanismos limitadores. No advertimos que la culpa y el miedo son en muchos casos sólo fantasmas que la mente utiliza para disuadirnos de nuestras futuras elecciones.
Para poder explicar la forma en que concibo al ser humano necesito introducir un concepto más y ese concepto es el de las emociones –amor, odio, bondad, codicia, etc.-, que según mi criterio “habitan” en la mitad no-racional de la mente. Ambos se complementan porque si no existiera la parte racional para morigerar los efectos de las emociones, moriríamos jóvenes y felices. Bueno, no sé si felices, pero moriríamos jóvenes y satisfechos, porque nuestra vida estaría dirigida por el deseo y las ganas, y únicamente la realidad limitaría nuestros sueños.
Los conflictos humanos tienen que ver fundamentalmente con la pelea razón-emoción. Digo fundamentalmente, porque hay otros conflictos como la búsqueda del sentido de la vida, de Dios, etc., conflictos existenciales que desvelan a los seres humanos de condición “elevada”, pero que están un poco alejados del común de nosotros, bastante más terrenales.
Respecto a los conflictos más comunes, es decir, los derivados de la cohexistencia de razón y emoción, yo sostengo que es la emoción la que generalmente prevalece en el combate. Sin embargo hay que tener en cuenta que en esa pelea la razón no interviene por si misma, sino que envía a su grupo de elite -los miedos y las culpas- para que peleen por ella. La contienda deja de ser entonces entre razón y emoción. La contienda es entre emociones y las más de las veces los miedos y las culpas son los que salen victoriosos. Esto hace que las decisiones más importantes de nuestra vida –cuando existen conflictos razón-emoción- son dictadas por los miedos y las culpas, a no ser que haya una emoción tan fuerte que sea capaz de doblegar a tan portentosos enemigos.
Finalmente, la ambiciosa propuesta del título, quedó reducida a una parrafada ininteligible. Sepan disculpar.
Comentarios
Publicar un comentario