porque me gusta así


Todos podemos fundamentar las razones de nuestras elecciones, desde las mínimas hasta las trascendentales. Tenemos una especie de necesidad compulsiva de justificar por qué hacemos lo que hacemos. El problema que yo veo es que la mayor parte de nuestras elecciones/decisiones no tienen una justificación racional, pero como es inaceptable para nuestra cultura –y para nosotros mismos- la ausencia de motivos, elaboramos en automático una lista de razones que respaldan nuestro proceder.
Yo estoy seguro que si le preguntara a cada uno de ustedes el por qué de sus decisiones más importantes, recibiría un listado racional y perfecto de las motivaciones por las que creen decidieron lo que decidieron, pero si volviera a preguntar por qué a cada una de esas motivaciones, ya la respuesta no saldría tan automática, ni que decir si volviera a preguntar por qué a los por que de los por qué.
Si hiciéramos un ejercicio sincero y completo que intentara llegar a la verdad, muy probablemente descubriríamos que ninguna de nuestras decisiones racionales fueron racionales ni voluntarias. Los mandatos familiares y culturales, los miedos, las culpas y los gustos son quienes determinan nuestras elecciones.
Esta manera de pensar –la que todo debe tener un motivo racional- está tan arraigada que en nuestra vida de relación –familiar, amistosa, laboral- siempre exigimos y somos exigidos al momento de decidir. El “porque me gusta así” no es aceptado, sin darnos cuenta que es la razón más legítima que existe, porque todos tenemos derecho a hacer lo que nos gusta en la medida que lo que nos gusta no perjudique a nadie, pero seamos claros, una cosa es que perjudique a nadie y otra muy distinta que alguien no se sienta perjudicado, porque hay muchas personas que se sienten perjudicadas por el solo motivo que lo que se hace no es de su agrado.
Bueno, nadie dijo que vivir fuera fácil.

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