¿quién sabe?


Los perros sensibilizaban el alma de Alejandra a tal punto que en una época había dejado de salir a la calle porque la sola posibilidad de ver un perro abandonado, o aplastado en la carretera oprimía su alma.
Diego era veterinario, el primer veterinario en una familia de eminentes abogados. El padre y los hermanos lo consideraban un traidor, pero su amor por los perros fue más fuerte que los mandatos familiares.
Ella se casó muy joven pero poco duró su matrimonio. Necesitaba a un hombre sensible y cariñoso. Diego tuvo varios noviazgos frustrados, para ellas era demasiado sensible.
Ambos eran soñadores y sinceros, ambos se ilusionaban con un mundo de armonía y ambos buscaban el mismo amor incondicional. Sin saberlo Diego buscaba a Alejandra y Alejandra a Diego.
Una tarde coincidieron en una feria de protectoras caninas. Diego ocupada la butaca quince de la fila seis y Alejandra la butaca dieciséis de esa misma fila. Se gustaron apenas se vieron. Permanecieron uno junto al otro las casi dos horas que duró el evento y se miraron de reojo muchísimas veces. Al terminar se saludaron con una sonrisa y nunca más volvieron a verse.
 Podrían haber sido felices, o quizá no. ¿Quién sabe?

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